Hace ya un tiempo, existió una princesa anglosajona, de larga cabellera e imponente figura. Una mujer decidida y de carácter, a la que seguía siempre, una horda de soldados violentos y fieles, en su particular cruzada de conquistar tierras ajenas. Tan solo la figura de un pequeño triskel colgando de su cuello, unas gafas de sol D&G y unas gotas del perfume de Hermés le daban un toque humano a esa figura casi divina.
Dicen la crónicas sociales de la época (grupo PRISA medieval) que aunque su fin era añadir a su reino nuevas tierras, ella siempre albergó la esperanza de encontrar algo más. Incluso se cuenta, que rechazó cuantiosas sumas por posar desnuda para la portada de una prestigiosa revista de adultos. Y así se paseó, durante años, conquistando nuevas tierras por el continente europeo.
Pero no siempre las victorias eran sencillas: un grupo de guerreros resistían invictos en una pequeña parcela del norte de la península. Por lo que decidió, ella misma, tomar las riendas de esa conquista. Embarcó junto a sus hombres en su real Drakkar con doble difusor (declarado legal por la FIA justo antes de partir).
Así tras duros días de navegación, (se les estropeó el TOMTOM) arribaron a una hermosa playa de arena fina, rodeada de encrespados acantilados. Iban avanzando por una hermosa tierra cubierta de bosques, y frondosos prados verdes, con pobladores amables y trabajadores (aunque injustamente valorados por los árbitros en la liga de fútbol), hasta llegar al lugar de la batalla. Allí algo le sorprendió sobremanera, no podía creer lo que veía, aunque la proporción de su ejército era seis a uno, los enemigos estaban impasibles y tranquilos. Iban a luchar con ferocidad para defender su tierra natal. Allí plantados con la decisión firme de forjar por si mismos su destino.
Entonces la princesa tuvo una extraña visión... le pareció ver como el campo de batalla se convertiría para sus tropas en una pesadilla sangrienta..... y quiso evitarlo. Avanzó decidida para plantear al jefe rival una lucha individual, sabedora que durante todos esos años, jamás nadie la había vencido.
También desde la tropa enemiga, se destacó poco a poco un solo hombre. Él un guerrero, del norte. Con media barba y pieles cubriendo su torso desnudo. Ni siquiera su viejo reloj doxa, sumergible, desdibuja la figura de la noble mano que portaba su espada. Pero al adelantarse y plantarse ante él, algo hizo que la atención de la princesa se fijara en la enorme espada que portaba con facilidad en su mano derecha... y en el curioso grabado de su empuñadura: un viejo triskel.
Entonces, por primera vez, le miró a los ojos. Y eso fue su perdición. Fue tal la fuerza que encontró en esa mirada. Acostumbrada a la excelsa educación desde bien niña, algo la turbó en lo más hondo de su ser. El yacuzzi, las clases de equitación, y los muchos regalos de sus papis (el último un jamelgo blanco gti 16v, con spoiler de competición) le habían apartado de la realidad con el resto del mundo.
Vio dominio, cariño, determinación, guía, y dedicación e irremediablemente sus pasos la encaminaron hacia él...y lentamente cuando el guerrero abrió sus brazos para recibirla ella se abrazó a su pecho. Por un largo instante percibió todo lo que por tiempo estuvo buscando..... y poco a poco descendió hasta arrodillarse a sus pies.
Y así, hizo retirarse a sus ejércitos para siempre y ella permaneció tendida a sus pies. Abrazada al Alma de un rudo y noble hombre del norte...donde por fin encontró su luz.
AyC: Corsario BDSM
