domingo, 6 de marzo de 2011

El vagon

El corsario pone rumbo a aquel puerto lejano, pero confía en su vieja fragata, siempre fiable aunque haya temporal. Tras un viaje a contrarreloj y cargado de ilusión consigue llegar a la cita.

Pero el viejo vagón está cerrado y vacío. De todas las tabernas de la ciudad, ella tuvo que elegir una que está cerrada a esas horas. Y no hay nadie a la vista. Así que decidido a esperar un tiempo y ante el temporal de granizo se dirige al establecimiento más próximo. Allí descansa un momento y aprovecha para comer algo ( el viaje ha sido largo y no ha parado ni un segundo para llegar a tiempo ).

Mientras le preparan un entrecot poco hecho, reflexiona sobre la cita, decepcionado. Siempre confía en el ser humano, y por eso, a veces, su corazón se siente decepcionado. Sabe que no se lleva decepción quien nada espera de la vida. Pero él navega por el mundo creyendo en las personas y sus corazones, por eso, a veces, le decepcionan.

Divaga sobre si su capacidad de decepción escapa al entendimiento. También cree que la bondad se forma bajo muchas y variadas circunstancias, las cuales están bajo el control de la persona. No pasa un día sin auto disciplina, y en cada detalle siente y ve la oportunidad de contribuir en la educación de su temperamento, de sus hábitos, de su entendimiento, influyendo así en los actos de su vida futura. Una persona que, aunque con un corazón vasto, es feliz.

Piensa que luego vendrán las excusas o los motivos. Excusas si ella no afronta la responsabilidad de un entorno y sus circunstancias y solo se usan como justificación. Y motivos, si ella asume los errores con nobleza y no queda todo en un inservible “lo siento”.

El respeto no viene dado por las formas o protocolos, sino por la actitud ante el tiempo empleado, los conocimientos, el fondo, bondad, inteligencia, carácter de la persona que tienes enfrente.

Así antes de partir, concluye que le seguirán decepcionando. Tan solo ocurre eso cuando alguien tiene esperanzas en el ser humano, ve luz y camina por la vida a pecho descubierto. Con la cabeza alta, encarando el temporal. Sabiendo de la grandeza del perdón , sin ningún problema en olvidar lo que se dijo, o lo que se hizo, pero seguro de no olvidar como le hicieron sentir.

Mientras regresa a su barco y espera que el viento sople, de nuevo, a favor, piensa que el tren solo pasa una vez.

AyC: Corsario BDSM

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